CÓMO SER UN BUEN PADRE

ser padres buenosLa paternidad es una experiencia única que solamente la entenderás cuando la hayas experimentado. Aunque no me gusta generalizar en los sentimientos. Cuando hablamos de ser padre, creo que podemos asegurar que es una experiencia muy enriquecedora. Aunque a parte de todas las ventajas y satisfacciones que nos puede proporcionar criar a nuestros niños. También tiene su parte «mala». Desde las noches sin dormir, la impotencia cuando el niño hace algo que sabemos que va a ser malo para él, miedo a que le ocurra algo… Vamos que una vez que nos hacemos padre, nuestro nivel de preocupación crece exponencialmente. Hoy vamos a analizar qué es lo que necesitan los niños para considerarnos buenos padres. Y no tener que pensar nunca ¿Qué habré hecho mal?

Soy padre.

Nadie nos ha enseñado y no hemos podido practicar antes de ser padres. La paternidad, es un estado que aunque nos preparemos y nos intentemos concienciar durante los 9 meses del embarazo. Nunca sabemos cómo nos va a salir.

Para empezar, debemos saber que todos los niños son diferentes entre si. Con lo que no puede existir una norma general globalizada para ser el mejor padre del mundo. Ya que lo que puede necesitar un niño puede que no lo quiera otro. Es cierto que en educación infantil tenemos una serie de pautas para conseguir que los niños alcancen todos los objetivos del desarrollo evolutivo, así como para enseñarles las normas básicas de convivencia y potenciar su curiosidad por aprender.

Pero debemos distinguir muy bien entre dos cosas. Una es tratar con los niños durante 8 horas al días con un método establecido, en un ambiente concreto que tenemos preparado perfectamente para enseñar y entretener a los niños. Y otra es el día a día. En los tiempos que corren es cierto que hay más niños de los que nos gustarían, que pasan más tiempo en la guardería que con sus padres. Pero, desde luego no tiene nada que ver la relación ni la influencia que tiene uno u otro para el niño.

Como en la vida misma, no existe una lista que digamos: Si cumplimos todo, vamos a ser los mejores padres del mundo. Y el niño nunca en su vida va a tener un problema. Ya que a pesar de ser muy buen padre. No nos garantiza nada. El niño está expuesto a un gran número de estímulos externos a la familia directa. Desde los amigos del colegio, televisión, Internet… Yo soy una gran defensora de la importancia del entorno y la educación en el futuro comportamiento y actitud del niño. Frente a la genética, la cual creo que aunque tenga algo que decir, no será determinante para el comportamiento ni la felicidad de los niños.

Lo fundamental para los niños.

Analizando un poco la relación entre padres e hijos. Vemos que los niños tienen una serie de necesidades que llamaría primarias y otras secundarias. Como por ejemplo, la necesidad de entender el mundo y conocer las normas sociales de convivencia. El tener un apoyo. Sentirse comprendidos. Sentirse queridos incondicionalmente.

Podemos hablar de querer que nuestro niño sea un «triunfador», que sea millonario… Pero, muchas veces no nos damos cuenta que lo fundamental, es que el niño tenga una mente equilibrada, la frenética vida que llevamos debido a los cambios en el mundo en los últimos años. Ha conseguido que las enfermedades mentales, tales como la ansiedad, el estrés, la apatía… Se han convertido en algo habitual (actualmente la baja por estrés es la más común en todos los países más desarrollados) Algo que hace unos años era impensable. Es importante que el niño aprenda cómo funciona el mundo, pero tenemos que limitar la presión que le imponemos para conseguir los objetivos que nosotros mismos le hemos marcado.

Veamos algunos puntos que podemos destacar para conseguir ser unos buenos padres con nuestros niños.

Estar ahí. Es lo principal, los niños lo que más valoran es tu presencia. Incluso si no le hacemos caso el niño estará más a gusto. Hace unas semanas hablábamos de los padres ausentes y la educación que están dando a sus hijos. Al igual que tu quieres a tus hijos incondicionalmente, a ellos les pasa lo mismo contigo. Pero además durante un periodo de su vida, tu serás su ídolo, su héroe.

Haz el payaso. Como siempre digo, si conseguimos que un niño sepa adecuarse a cada buen padresituación, habremos hecho un genial trabajo de educación. Los niños son creativos, imaginativos y muchas veces hiper-activos. Además de hacer muchas tonterías. No es malo que los niños hagan el tonto de vez en cuando, lo que deben saber, es distinguir en que situación pueden hacer el tonto y en cual no. Y no está de más que alguna vez nos convirtamos en bufones para tirarnos por el suelo con ellos y pasar a ser niños otra vez. Además, de ser buenísimo para tus hijos, también será una excelente terapia para ti.

Tratarle como a una persona. Que sean niños no quiere decir que sean tontos. Debemos explicarles las cosas. Si no la entiende, mucha de la parte por no decir toda es nuestra por no saber simplificar el concepto.

Las muestras de cariño son esenciales. Es cierto que no todos somos igual de mimosos. No hace mucho hablábamos sobre los niños mimosos y como conseguir que sean más cariñosos. Los seres humanos tienen un mecanismo muy curioso por el cual apreciamos lo que nos rodea y lo asimilamos asumiéndolo nosotros mismos. Lo conocemos por las neuronas espejo. Si siempre que estamos con nuestro niño estamos con una sonrisa en la cara, el niño aprenderá que el mundo es un lugar alegre y feliz. Y tendremos un niño alegre. Con lo que tendremos mucho camino avanzado, solo con sonreir durante un par de años.

No ceder al chantaje. En muchas ocasiones será lo más fácil. Pero, no nos olvidemos nunca que lo que estamos haciendo durante los primeros años, es marcar su condición futura. Debemos ser fuertes y enseñarle las normas básicas de convivencia, así como el que no puede conseguir todo lo que quiere. Un niño que no sabe asumir un «no». Será una persona con muchos problemas en el futuro.

Aprovecha cualquier oportunidad. Aunque sea un tópico, es verdad. El tiempo parece que va mucho más rápido durante los primeros años como padres. Y en breve, ese pequeño bebé que nos cabe en el antebrazo, ya empieza a pesar, a moverse, a ir a la guardería, a andar, hablar, el colegio… Y cuando nos queremos dar cuenta y recuperar el tiempo perdido ya es demasiado tarde. Planifica el tiempo con tu hijo. Olvídate de esa serie que tanto te gusta, o de salir a jugar al fútbol todos los días. Tus niños será tu oportunidad de volver a tu infancia y de disfrutar si lo intentas.

No le inculques malas ideas. El odio se extiende por nuestro mundo. Y por desgracia la persona que siente odio, sufrirá el resto de su vida. Haz lo posible por educarle en la tolerancia y las «buenas vibraciones». Para ello no es suficiente con hablarle y contarle. Debemos de ser ejemplo en todo momento. De nada nos sirve si como padres, le decimos que la violencia está mal. Si luego cuando alguien nos quita un aparcamiento, empezamos a echar pestes por la boca, le amenazamos, nos acordamos de toda su familia… Se coherente, e intenta no traspasar tus temores o aspectos que tu sabes que te han traído más problemas a ti que alegrías.

Para conseguir cualquier objetivo en educación infantil. Hay una norma básica que debes seguir a raja-tabla. La paciencia. Para tratar con los niños si hay algo necesario, es la paciencia y la empatía.

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